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HAY VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Hace más de treinta años que el doctor Raymond Moody impactara al mundo entero con su libro Vida después de la vida. Su trabajo recogía abundantes testimonios sobre lo que se han dado en llamar Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), relatos de personas que, tras estar clínicamente muertos, regresaban a la vida y describían situaciones y escenarios muy similares entre sí con independencia de su nivel cultural o religión. No cabe decir que la publicación de estas vivencias supuso una esperanza para millones de personas. Algunos perdieron el miedo a la muerte y otros hallaron cierta paz interior tras la pérdida de un familiar querido. Su línea de investigación fue magistralmente continuada por otros autores internacionales como Elisabeth Küblker-Ross, Karlis Osis o Kenneth Ring y, también, dio origen a agrias polémicas. Admitir que nuestra conciencia tiene vida propia e independiente de nuestro cuerpo físico choca, aparentemente, con los postulados de la neurología. Para los escépticos las Experiencias Cercanas a la Muerte son meras conjeturas pseudocientíficas sin base empírica ni científica. Las sensaciones que manifiestan los protagonistas –aseguran- han podido ser replicadas científicamente como experiencias provocadas por el cerebro y no como algo ajeno a éste. Entonces, ¿cuándo tienen lugar estas percepciones? ¿Durante la interfase, es decir, en el paréntesis entre la muerte clínica y la muerte sin retorno o una vez traspasada ésta última? ¿Existe algún estudio científico que demuestre que es posible desdoblar la conciencia de nuestro cuerpo físico? La respuesta es rotunda: sí, lo hay. Y algunos episodios figuran ya dentro de la literatura científica.

EVIDENCIA CIENTIFICA DE EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE
Una enfermera de la unidad de cardiología del Hospital Rijnstate de Arnhem, en Holanda, explicó que, durante un turno de noche, una ambulancia trajo a un hombre de 44 años de edad en estado comatoso. Había sido hallado por unos transeúntes una hora antes, tendido en una pradera. Tras ser admitido en el hospital, recibió respiración artificial sin intubación y se le aplicó masaje cardíaco y desfibrilación. “Cuando quisimos intubar al paciente –explica la enfermera-, resultó que tenía dentadura postiza. Le quité la dentadura superior y la guardé en el ‘carrito de emergencias’. Después continué colaborando en la resucitación cardiopulmonar”.

Tras cerca de una hora y media, el paciente tenía suficiente ritmo cardíaco y presión sanguínea, pero todavía estaba ventilado e intubado y aún seguía comatoso. Fue transferido a la unidad de vigilancia intensiva (UVI) para continuar la necesaria respiración artificial. “Sólo después de más de una semana me encontré otra vez con él. Le di su medicina y, entonces, dijo: ‘Oh, esa enfermera sabe donde está mi dentadura.’ Yo me quedé muy sorprendida. Entonces él aclaró: ‘Sí, usted estaba allí cuando me trajeron al hospital y me sacó la dentadura y la puso en ese carrito que tenía todas esas botellas, concretamente en un cajón que se deslizaba por debajo. Allí es donde puso usted mis dientes’”.

El episodio, no lo olvidemos, sucedió mientras aquel hombre se hallaba en pleno proceso de reanimación, mientras se hallaba en coma profundo sin que pudiera tener conciencia de lo que sucedía a su alrededor. Aquel hombre, sin embargo, había visto la escena desde arriba y pudo describir con precisión como trabajaban médicos y enfermeras, así como reconocer rostros y situaciones precisas.

La experiencia podría ser una más de las miles que se documentan a diario en los hospitales de todo el mundo pero ésta tuvo lugar durante la fase piloto de un estudio científico dirigido por el doctor Pim van Lommel sobre las evidencias científicas de las ECM. Se trata pues de un caso verificado científicamente e incluido en el programa Near Death Experience in Survivors of Cardiac Arrest, publicado en la prestigiosa revista The Lancet en diciembre de 2001.

Constituye un avance importante en la aproximación científica a estas experiencias y que, sin  embargo, ha pasado desapercibido para la gran opinión pública.

EL ESTUDIO DE LAS EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE
El objetivo del estudio era establecer la causa de las ECM y valorar los factores que afectan a su frecuencia, profundidad y contenido. Para ello van Lommel se valió de 344 pacientes cardíacos que fueron reanimados con éxito en diez hospitales de Holanda. Compararon datos demográficos, médicos, farmacológicos y psicológicos entre un grupo de control (sin ECM) y otro que sí había informado de estas experiencias. El trabajo, además, comparó a los dos grupos dos y ocho años después.

Los resultados fueron sorprendentes: El 12% de los sujetos analizados experimentó una ECM profunda, es decir, la sensación de salir fuera del cuerpo, sentimientos placenteros, ver un túnel, una luz, parientes ya fallecidos o una revisión de su propia vida. El porcentaje aumentaba al 18% entre quienes describían sólo algunas de estas sensaciones.

Para van Lommel es un misterio por qué tan pocos pacientes cardíacos informaron de una ECM. La explicación psicológica tiende a relacionar los episodios con el miedo a la muerte sin embargo este científico holandés precisa que sólo un porcentaje muy pequeño de los pacientes estudiados manifestó haber tenido miedo en los segundos que precedieron al paro cardíaco. Éste, además, tuvo lugar de forma demasiado repentina como para que se dieran cuenta de lo que les estaba pasando.

 

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